La Dolarización de la Economía

Antecedentes

La dolarización es el proceso mediante el cual un país adopta el dólar estadounidense como moneda de uso legal, ya sea de manera oficial o de forma parcial en la vida económica cotidiana. Esta medida suele aparecer en contextos de alta inflación, pérdida de confianza en la moneda local, crisis cambiarias o inestabilidad financiera. Aunque puede ofrecer beneficios importantes, también implica costos significativos para la política económica y la soberanía monetaria.

¿Qué significa dolarizar una economía?

Dolarizar una economía significa reemplazar total o parcialmente la moneda nacional por el dólar en funciones esenciales como medio de pago, unidad de cuenta y reserva de valor. En una dolarización oficial, el Estado reconoce al dólar como moneda legal principal y abandona la emisión de una moneda propia. En una dolarización informal, los ciudadanos usan dólares para ahorrar, fijar precios o realizar transacciones importantes, aunque la moneda nacional siga existiendo.

Razones que llevan a la dolarización

Un país puede optar por la dolarización cuando su moneda nacional deja de cumplir adecuadamente sus funciones. Si la inflación es muy elevada, los salarios pierden valor, los precios cambian constantemente y las personas buscan proteger sus ahorros en una moneda más estable. En ese escenario, el dólar puede convertirse en una alternativa porque suele ser percibido como una divisa fuerte, ampliamente aceptada en el comercio internacional y respaldada por una economía de gran tamaño.

Otra razón frecuente es la necesidad de recuperar la confianza. Cuando los ciudadanos, las empresas y los inversionistas desconfían de la moneda local, se reduce el crédito, aumenta la fuga de capitales y se dificulta la planificación económica. Al adoptar una moneda externa, el gobierno intenta enviar una señal de disciplina y estabilidad.

Ventajas potenciales

Uno de los principales beneficios de la dolarización es la reducción de la inflación. Al renunciar a emitir moneda propia, el gobierno pierde la posibilidad de financiar déficits mediante impresión de dinero, lo que puede ayudar a estabilizar los precios. También puede disminuir el riesgo cambiario, especialmente en países donde muchas deudas, importaciones o contratos ya están denominados en dólares.
Otra ventaja potencial es que, al reducir la inflación y estabilizar los precios, la dolarización puede contribuir a proteger el poder adquisitivo de los salarios y los ahorros. Cuando los precios dejan de aumentar de forma acelerada, las familias pueden planificar mejor su consumo, conservar con mayor seguridad el valor de sus ingresos y evitar que sus ahorros pierdan valor rápidamente. Esto resulta especialmente importante para los hogares de ingresos fijos, que suelen ser los más afectados por la inflación.
Sin embargo, esta protección no significa necesariamente una recuperación inmediata del poder adquisitivo. Para que los ciudadanos compren más bienes y servicios que antes, los salarios deben crecer, el empleo debe fortalecerse y la economía debe generar mayores niveles de productividad. Por eso, la dolarización puede ayudar a detener la pérdida de poder adquisitivo causada por la inflación, pero su mejora sostenida depende de políticas que impulsen el crecimiento, la inversión y los ingresos reales.
El gobierno no puede emitir dinero sin respaldo, lo que obliga a mantener una mayor disciplina monetaria y fiscal. En una economía con moneda propia, un Estado puede verse tentado a financiar déficits públicos mediante la creación de dinero, especialmente en períodos de crisis o de fuerte presión social. Sin embargo, cuando la economía está dolarizada, esa posibilidad desaparece porque el país no controla la emisión del dólar. Esto reduce el riesgo de que el exceso de dinero en circulación provoque aumentos generalizados de precios y pérdida de valor de los salarios.
Esta restricción puede fortalecer la confianza de los ciudadanos, las empresas y los inversionistas, ya que transmite la idea de que la inflación no dependerá de decisiones internas de emisión monetaria. También puede fomentar una administración pública más responsable, porque el gobierno necesita financiarse mediante ingresos fiscales, endeudamiento sostenible o inversión, y no mediante la impresión de dinero. No obstante, esta ventaja también tiene un límite: si el Estado no administra bien sus cuentas, la dolarización por sí sola no evita el endeudamiento ni garantiza estabilidad económica de largo plazo.
La dolarización también puede facilitar el comercio exterior y atraer inversión extranjera, porque ofrece mayor previsibilidad en los costos y pagos internacionales. Además, puede reducir las tasas de interés si los mercados perciben menor riesgo monetario.

Influencia de la dolarización sobre el comercio exterior

La dolarización puede influir de manera importante en el comercio exterior porque elimina el riesgo cambiario frente al dólar. Cuando las importaciones, exportaciones, contratos internacionales y pagos externos se realizan en la misma moneda, las empresas pueden calcular mejor sus costos, precios y márgenes de ganancia. Esto facilita la planificación de operaciones comerciales y reduce la incertidumbre asociada a devaluaciones bruscas de la moneda nacional.
En el caso de las importaciones, usar el dólar puede simplificar las compras externas, especialmente cuando los productos, insumos o materias primas se cotizan internacionalmente en esa moneda. Las empresas importadoras pueden evitar pérdidas derivadas de variaciones del tipo de cambio y negociar con mayor previsibilidad. Sin embargo, también existe un riesgo: si el país depende demasiado de bienes importados, puede volverse más vulnerable a aumentos de precios internacionales, porque no cuenta con una moneda propia que permita amortiguar esos choques.
En cuanto a las exportaciones, la dolarización puede aportar estabilidad financiera y mejorar la confianza de socios comerciales e inversionistas. No obstante, también puede limitar la competitividad si los costos internos suben más rápido que la productividad. A diferencia de un país con moneda propia, una economía dolarizada no puede devaluar para abaratar sus productos en el exterior. Por eso, sus exportaciones deben competir principalmente mediante productividad, calidad, innovación, infraestructura y diversificación productiva.
En síntesis, la dolarización puede favorecer el comercio exterior al reducir la incertidumbre cambiaria y facilitar los pagos internacionales, pero no garantiza por sí sola un aumento de las exportaciones. Para que el sector externo se fortalezca, el país necesita producir bienes y servicios competitivos, atraer inversión, diversificar mercados y mantener una balanza de pagos sostenible.

Efectos de la dolarización sobre el PIB

Los efectos de la dolarización sobre el Producto Interno Bruto (PIB) no son automáticos ni iguales en todos los países. En principio, una economía dolarizada puede beneficiarse de una mayor estabilidad de precios, menor incertidumbre cambiaria y más confianza de los inversionistas. Estos factores pueden favorecer el consumo, la inversión y el comercio exterior, lo que a su vez puede impulsar el crecimiento económico.
Sin embargo, la dolarización también limita la capacidad del Estado para reaccionar ante crisis económicas. Al no contar con una moneda propia, el país no puede devaluar para hacer más competitivas sus exportaciones ni usar la emisión monetaria como herramienta de emergencia. Por eso, si la economía enfrenta una caída de ingresos externos, una crisis bancaria o una reducción de la demanda internacional, el ajuste puede trasladarse con más fuerza al empleo, los salarios y la producción.
En consecuencia, el impacto sobre el PIB depende de condiciones complementarias: disciplina fiscal, productividad, inversión pública y privada, competitividad de las exportaciones, calidad institucional y estabilidad política. La experiencia de países dolarizados muestra que la estabilidad monetaria puede crear un entorno favorable para crecer, pero el crecimiento sostenido exige políticas económicas sólidas y una estructura productiva capaz de generar empleo e ingresos.

Riesgos y limitaciones

El costo más importante de dolarizar es la pérdida de la política monetaria. El banco central ya no puede emitir su propia moneda para responder a crisis, ajustar tasas de interés de forma autónoma o actuar con la misma flexibilidad como prestamista de última instancia. Esto puede ser problemático si la economía enfrenta una recesión, una caída de exportaciones o una crisis bancaria.
Además, la dolarización no resuelve por sí sola problemas estructurales como baja productividad, déficit fiscal, informalidad laboral, pobreza o debilidad institucional. Si un país dolarizado mantiene un gasto público insostenible o no fortalece su sistema financiero, puede seguir enfrentando endeudamiento, desempleo y falta de crecimiento.

Balance entre ventajas y riesgos de la dolarización

El balance entre las ventajas y los riesgos de la dolarización depende del contexto económico de cada país. En economías con inflación elevada, pérdida de confianza en la moneda nacional y crisis cambiarias recurrentes, adoptar el dólar puede ofrecer una respuesta rápida para estabilizar precios, proteger parcialmente el poder adquisitivo y reducir la incertidumbre. En esos casos, la dolarización puede funcionar como una señal de disciplina y como un mecanismo para reconstruir la confianza de consumidores, empresas e inversionistas.
No obstante, los beneficios deben compararse con los costos. Al dolarizarse, un país renuncia a herramientas importantes de política monetaria, como emitir moneda, modificar el tipo de cambio o responder con mayor flexibilidad ante crisis financieras. Esto significa que los ajustes económicos pueden recaer con más fuerza sobre el empleo, los salarios, el gasto público o la producción, especialmente si el país enfrenta una caída de exportaciones, una reducción de inversión extranjera o un aumento de precios internacionales.
Por ello, la dolarización puede ser conveniente cuando ayuda a detener una crisis monetaria profunda, pero puede resultar insuficiente si no va acompañada de reformas fiscales, productivas e institucionales. La estabilidad de precios es una condición valiosa, pero no garantiza por sí sola crecimiento económico, competitividad ni bienestar social. El verdadero balance debe considerar si el país cuenta con instituciones sólidas, cuentas públicas sostenibles, capacidad exportadora y políticas que impulsen empleo, inversión y productividad.
Por ejemplo, Panamá muestra cómo la dolarización puede convivir con estabilidad monetaria, apertura comercial y un sistema financiero desarrollado; sin embargo, también evidencia que el uso del dólar no elimina los riesgos fiscales ni la dependencia de sectores externos. Ecuador, por su parte, adoptó la dolarización después de una crisis profunda, y el cambio contribuyó a frenar la inestabilidad monetaria, aunque el país siguió enfrentando desafíos de productividad, empleo y dependencia de exportaciones primarias. En El Salvador, la dolarización redujo el riesgo cambiario y facilitó ciertas operaciones financieras, pero sus resultados en crecimiento y bienestar han dependido de factores estructurales más amplios, como inversión, seguridad, competitividad y capacidad productiva.
Estos ejemplos muestran que la dolarización puede ofrecer beneficios visibles cuando existe una crisis de confianza en la moneda nacional, pero también confirman que no sustituye una estrategia integral de desarrollo. La moneda puede dar estabilidad, pero el crecimiento sostenido requiere instituciones sólidas, diversificación económica, disciplina fiscal y políticas que fortalezcan la producción y el empleo.

Experiencias en América Latina

En América Latina existen casos conocidos de dolarización oficial, como Panamá, Ecuador y El Salvador. En los tres casos, uno de los efectos más relevantes ha sido la relación entre dolarización e inflación. Al adoptar el dólar, estos países redujeron o evitaron en gran medida el riesgo de inflación causada por la emisión excesiva de moneda propia. Sin embargo, la estabilidad de precios no tuvo los mismos resultados sobre crecimiento, empleo, competitividad y bienestar social.
En Panamá, la dolarización ha contribuido a mantener una inflación históricamente baja y previsible. Esto ha favorecido la estabilidad del comercio, los servicios financieros y la planificación empresarial. No obstante, esa estabilidad no ha eliminado problemas como desigualdad, informalidad laboral o dependencia de sectores externos, por lo que la baja inflación no se ha traducido de manera uniforme en bienestar para toda la población.
En Ecuador, la dolarización tuvo un efecto más visible sobre la inflación porque se adoptó después de una crisis económica y bancaria. Antes del cambio monetario, el país enfrentaba una inflación muy alta y una fuerte pérdida de confianza en su moneda. Después de dolarizarse, la inflación disminuyó de manera significativa y los precios se volvieron más estables, lo que ayudó a proteger salarios y ahorros. Sin embargo, no todos los indicadores mejoraron al mismo ritmo: persistieron problemas de productividad, empleo, dependencia de exportaciones primarias y vulnerabilidad frente a choques externos.
En El Salvador, la dolarización también ayudó a mantener una inflación relativamente baja y redujo el riesgo cambiario, especialmente en una economía muy vinculada a Estados Unidos por el comercio y las remesas. Esto facilitó algunos créditos y operaciones financieras. Sin embargo, sus efectos sobre el crecimiento económico, la inversión productiva y el empleo han sido más limitados. La estabilidad de precios no fue suficiente para resolver problemas estructurales como baja productividad, desigualdad, informalidad y dependencia de ingresos externos.
En síntesis, los países dolarizados de América Latina han mejorado principalmente en estabilidad de precios, reducción del riesgo cambiario y previsibilidad monetaria. En cambio, no necesariamente han mejorado de forma automática en crecimiento sostenido, salarios reales, empleo formal, competitividad exportadora o reducción de la desigualdad. La inflación baja es una ventaja importante, pero sus beneficios dependen de que vaya acompañada de políticas productivas, fiscales y sociales que fortalezcan la economía real.

Conclusión

La dolarización puede ser una alternativa eficaz para países que enfrentan inflación elevada, pérdida de confianza en su moneda y crisis cambiarias recurrentes. Al adoptar el dólar, una economía puede ganar estabilidad de precios, reducir el riesgo cambiario, proteger parcialmente el poder adquisitivo y generar mayor previsibilidad para consumidores, empresas e inversionistas. Estos beneficios pueden crear un entorno más favorable para el comercio exterior, la inversión y la planificación económica.

No obstante, sus efectos positivos no son automáticos ni suficientes por sí solos. La dolarización también implica renunciar a instrumentos importantes de política monetaria, como la emisión de moneda nacional, la devaluación o el manejo autónomo de tasas de interés. Por ello, ante crisis externas o problemas fiscales, el ajuste puede recaer con mayor fuerza sobre el empleo, los salarios, el gasto público y la producción.

Las experiencias de Panamá, Ecuador y El Salvador muestran que la dolarización puede ayudar a controlar la inflación y mejorar la previsibilidad monetaria, pero no garantiza crecimiento sostenido, reducción de la desigualdad ni aumento permanente del bienestar social. Para que sus beneficios se mantengan en el tiempo, debe estar acompañada de disciplina fiscal, instituciones sólidas, productividad, diversificación económica, inversión y políticas sociales que protejan a los sectores más vulnerables.

En conclusión, dolarizar una economía no significa resolver todos sus problemas, sino cambiar el marco monetario dentro del cual esos problemas deben enfrentarse. Puede ser una herramienta valiosa de estabilización, especialmente en contextos de crisis, pero su éxito depende de la capacidad del país para construir una economía competitiva, responsable y socialmente inclusiva. La moneda puede aportar estabilidad; el desarrollo, en cambio, requiere políticas sostenidas y una estrategia integral de largo plazo.

El mercado post pandemia

El autor, Edmundo Pimentel, es estadístico, profesor emérito de la Universidad Central de Venezuela, investigador en el área social y consultor de empresas.

En la actualidad al sector empresarial, en todas partes del mundo, lo acongoja una gran incertidumbre, acompañada de negros presagios, estimulados por una de las pocas certezas que se avizoran: la demanda disminuirá en al menos un quinto de su comportamiento previo. La mayoría  de los inversionistas y directores aún no reaccionan, se encuentran paralizados cual animal noctámbulo sorprendido por faros de alta potencia.

Además de la reducción de la demanda se esperan cambios en el patrón de consumo, los cuales son más difíciles de anticipar. Obviamente que unos sectores serán más afectados que otros, lo cual hace impredecible el efecto conjunto en términos de la reducción del PIB.

Así, en el sector automotriz la reducción de la demanda debería ser mayor que en el sector agrícola y en el sector agroindustrial como en el textil, para mencionar algunos emblemáticos, adicionalmente se anticipan cambios en el patrón de consumo. Por su parte, la mayor reducción del mercado se espera en el sector turismo, petróleo y construcción, en ese orden.

En los servicios, además del turismo, el sector bancario, el comercio, la salud y la educación deberán reestructurar su infraestructura y modelos de gestión a los efectos de disminuir costos y adaptarse al nuevo nivel de consumo y requerimientos de su clientela. La digitalización de los servicios le ofrece buenas oportunidades.

Hoy más que nunca es necesario tener presente los preceptos de la planificación estratégica y el uso de las herramientas gerenciales a los efectos de revisar los objetivos y las metas con los que se inició el presente ejercicio económico. La cooperación entre la empresas, la investigación de mercados y el benchmarking deben ayudar a configurar los escenarios sobre los cuales se realizarán los análisis FODA para ajustar los objetivos y metas, establecer las estrategias y configurar el nuevo plan de acción que derivará en la revisión de sus procesos y en ajustes presupuestarios.

Las empresas que aprovechen el actual confinamiento y la tecnología comunicacional para desarrollar sus jornadas de planificación estratégica participativa, serán menos afectada por los efectos de la pandemia del COVID 19, al tener mejor capacidad de reacción para ajustarse a los cambios del mercado.

Se sabe que las crisis generan oportunidades, el actual confinamiento representa una magnífica oportunidad para la realización de sesiones de planificación participativa a distancia y para la investigación de mercados. Si requiere apoyo para desarrollar cualquiera de estas actividades contáctenos en nuestro portal http:www.conafin.net o al correo: [email protected]

El Índice del Capital Humano: Una mirada desde lo social y lo estadístico.

El autor, Edmundo Pimentel, es estadístico, profesor emérito de la Universidad Central de Venezuela, investigador en el área social y consultor de empresas.

En el pasado mes de octubre, en la isla de Bali (Indonesia), el Banco Mundial (BM) presentó un nuevo indicador del potencial de una sociedad denominado Índice de Capital Humano. Cerca de 30 países piloto están trabajando con el grupo de investigadores del Banco Mundial en enfoques estratégicos para transformar sus resultados en materia de capital humano.

Según lo expresa el BM, el capital humano consiste en los conocimientos, las habilidades y la salud que acumulan las personas durante toda su vida, y que les permite realizar su potencial como miembros productivos de la sociedad. Con el desarrollo del capital humano se puede poner fin a la pobreza extrema y crear sociedades más productivas. Para ello es necesario invertir en las personas (en su nutrición, atención de salud, educación de calidad, empleo y competencias).

El Índice de Capital Humano (HCI por sus siglas en inglés) pretende reflejar la productividad que tendría, en las condiciones donde vive un niño recién nacido, como trabajador futuro, comparada con la de esa misma persona si tuviera una salud plena y una educación completa y de alta calidad.

En total, se han analizado 157 países, en los que el BM ha estudiado la cantidad y calidad de educación que se ofrece a los niños, así como la tasa de mortalidad entre los menores de 5 años. También considera la tasa de retraso en el crecimiento entre los jóvenes (una medida que muestra cuán sano es un niño) y las posibilidades de que alguien al cumplir los 15 años viva al menos hasta los 60 (tasa de supervivencia adulta).

Se prevé que este proyecto ayudará a crear un espacio político para que los líderes de cada país prioricen las inversiones transformativas en el capital humano. El objetivo es avanzar rápidamente para lograr un mundo en el que todos los niños lleguen a la escuela bien nutridos y en condiciones de aprender, que tengan la expectativa de alcanzar el aprendizaje real en el aula, y que puedan ingresar al mercado de trabajo como adultos sanos, cualificados y productivos.

El costo de la inacción en lo que respecta al desarrollo del capital humano está aumentando. Sin capital humano, los países no podrán mantener su crecimiento económico, no contarán con una fuerza laboral preparada para los empleos de mayor cualificación del futuro y no podrán competir eficazmente en la economía mundial.

Después que el presidente del Grupo Banco Mundial, Jim Yong Kim, anunciara el Proyecto de Capital Humano, líderes mundiales se reunieron en la ciudad de Washington para debatir cuán importante, crítico y urgente es invertir en las personas para preparar a los países para la economía del futuro.

En un animado diálogo moderado por Ali Velshi de NBC News y MSNBC, el Dr. Kim junto a Bill Gates, fundador principal de Microsoft y copresidente de la Fundación Gates, así como Penny Mordaunt, secretaria de Estado para el Desarrollo Internacional del Reino Unido, abogaron por la inversión en la gente.

En el actual contexto de rápidos cambios en la tecnología y en el mercado laboral, los oradores plantearon la importancia de invertir en las personas (en su educación, salud, nutrición y protección social y en empleos) es la manera de proceder más eficaz y eficiente para alcanzar el desarrollo. Concluyeron que desarrollar el capital humano es de hecho un proyecto para el mundo, en que deben mancomunarse los esfuerzos de donantes, responsables de políticas y ciudadanos por igual.

En el debate acerca del futuro del trabajo ha predominado el temor de que las personas pierdan sus trabajos debido a los robots, pero en el informe se concluye que en general este temor parece ser infundado. El trabajo es objeto de constantes configuraciones nuevas con los avances tecnológicos. Las empresas adoptan nuevas formas de producción, los mercados se amplían y las sociedades evolucionan. En general, la tecnología proporciona oportunidades para crear nuevos empleos, aumentar la productividad y prestar servicios públicos eficaces.

En el proceso, sin embargo, la tecnología está cambiando las habilidades que son recompensadas en el mercado laboral. La tecnología ha reducido de manera desproporcionada la demanda de trabajadores menos cualificados, aumentando al mismo tiempo el valor de las habilidades cognitivas de orden superior. Para desarrollar las habilidades que demanda el mercado laboral se necesitan bases del capital humano sólidas y aprendizaje permanente. El informe pone énfasis en que invertir en el capital humano debe ser una prioridad para aprovechar al máximo la naturaleza cambiante del trabajo.

Según el Banco Mundial, el Proyecto de Capital Humano ayudará a los países a abordar los obstáculos más grandes al desarrollo del capital humano, aplicando un enfoque a nivel de «todos los organismos gubernamentales». Se ha comenzado a trabajar para apoyar a alrededor de 30 países que han expresado un gran interés y se incluirá a más naciones en los próximos meses.

El BM sostiene que el HCI, presentado el 11 de octubre de 2018, permitirá cuantificar la contribución de la salud y la educación a la productividad y los niveles de ingresos de la próxima generación. Los países pueden usarlo para determinar el monto del ingreso cesante por causa de las brechas de capital humano, y con cuánta mayor rapidez puede convertir estas pérdidas en ganancias si actúan ahora.

El HCI pretende mostrar la situación real de la educación, el empleo, las tendencias demográficas y reservas de talento sin explotar de cada país. Ordena 124 países con respecto al nivel de desarrollo y despliegue de su capital humano, centrándose en la educación, las cualificaciones y el empleo. Su objetivo es entender si los países están aprovechando o no su potencial humano .

Para su cálculo del HCI se requiere un sistema convincente de medición de los resultados en materia de educación y salud a nivel local, nacional y mundial. Dentro de los países, la medición genera información acerca de lo que da resultado y del destino que debe darse a los recursos. A nivel mundial, la medición integral permite determinar las diferencias entre los países e impulsa la demanda de inversiones en las personas.

Por su parte, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) desarrolló y presentó en el Informe sobre Desarrollo Humano iniciado en 1990, el Índice de Desarrollo Humano (IDH), el cual mide el avance conseguido por un país en tres dimensiones básicas del desarrollo humano: el disfrute de una vida larga y saludable, acceso a educación adecuada y un nivel de vida digno.

El IDH es la media geométrica de índices normalizados que miden los logros en cada dimensión, y utiliza diversos indicadores para su cálculo: esperanza de vida al nacer, años promedio de escolaridad y años esperados de escolarización e ingreso familiar disponible o consumo per cápita; es por tanto una medida comparativa de la esperanza de vida, la alfabetización, la educación y el nivel de vida correspondiente a países de todo el mundo. Se utiliza para distinguir si un país es desarrollado, en desarrollo o subdesarrollado, y también para medir el impacto de las políticas económicas sobre la calidad de vida.

En las imágenes que se insertan a continuación se muestran la distribución de los países según el Índice de Capital Humano y según el índice de Desarrollo Humano.

Distribución de los Países Según el Índice de Capital Humano

Según los resultados obtenidos en el IDH, los países se clasifican en cuatro categorías de desarrollo humano: 1) muy alto, 2) alto, 3) medio y 4) bajo. Desde el informe de 2010, la clasificación está basada en cuartiles, de modo que se divide en cuatro partes de los 188 países representados.

Distribución de los Países Según el Índice de Desarrollo Humano

Discusión
Como se desprende da las definiciones de ambos indicadores las dimensiones que miden son muy similares aunque las fórmulas de cálculo difieran es de esperarse que entre ellos exista una correlación positiva. Para corroborar esta hipótesis analizaremos la data de algunos países americanos.

Seguidamente se presenta una lista de los principales países del continente americano donde se muestra el IDH publicado el 14 de septiembre de 2018, así como el Índice de Capital Humano y otros indicadores de relevancia.

Para establecer la relación entre el IDH y el ICH se construyó un modelo de regresión múltiple, donde la variable a ser explicada es el IDH y como variables independientes se incluyeron el ICH, el SMI, %G.Militar, el GE/hab y él %PIB/Educ.

Los resultados de esta investigación preliminar permitieron establecer que el gasto militar y el salario mínimo interpersonal no tienen relación significativa con el IDH. Las variables que explican el comportamiento del IDH son el ICH, el PIB en Educación y el Gasto por habitante en educación, estas variables explican el 90.5% del IDH como se muestra en el cuadro que se inserta a continuación:

El resultado más sorprendente fue que el coeficiente de regresión del porcentaje del PIB como gasto en educación resultó negativo, lo cual indica que en la medida que este gasto aumenta el IDH disminuye, este resultado es contradictorio con la teoría y sugiere la necesidad de revisar las cifras suministradas.

En virtud de los resultados expuestos, se corrobora la hipótesis de que ambos indicadores se encuentran altamente correlacionados y que las variables que miden el gasto en educación están relacionadas con su comportamiento

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