Votar o no votar: Una mirada desde la medición estadística

El autor, Edmundo Pimentel, es estadístico, profesor emérito de la Universidad Central de Venezuela, investigador en el área social y consultor de empresas.

La venezolana sigue siendo una sociedad sui géneris, mientras en otras latitudes, durante períodos electorales, las personas se preocupan por quién decantará la selección del candidato merecedor del voto mayoritario, en nuestro caso para las próximas elecciones la preocupación de una gran porción de los electores se concentra en la decisión de votar o no votar.La mayoría de los venezolanos se han polarizado en dos grupos, uno conformado por personas que  considera que los próximos comicios constituyen una oportunidad para expresarse y lograr que su candidato salga vencedor. El otro grupo considera que las elecciones constituyen una estrategia del gobierno para mejorar su imagen y que los resultados ya están decididos a favor del gobierno.

De acuerdo a lo informado por las principales empresas de demoscopia que se dedican a investigar las tendencias electorales, la disyuntiva parece ubicarse entre el voto castigo y la abstención, por falta de confianza en el CNE. Ambas opciones representan los dos grandes nichos en las elecciones del 20-M. En ellos se concentran ambas campañas electorales. Por tanto, o gana el voto castigo o lo hace la abstención. A esos dos grupos estará dirigida toda la estrategia política de los candidatos.

El acto de votar o no votar sintetiza y refleja las lealtades político-electorales, los sueños y esperanzas de la gente, así como los temores y, de cierta manera también, los rencores sociales, sus filias y sus fobias.

La gráfica que se inserta a continuación constituye un modelo simplificador que ilustra ambas posiciones electorales con las subcategorías de cada una de dichas posiciones.

En el modelo propuesto se considera que entre las personas que atenderán la convocatoria electoral y ejercer su derecho al voto, existen cuatro subcategorías: el “Voto Compromiso”, el “Voto por Temor”, el “Voto Castigo” y el “Voto por el Menos Malo”. Las tres primeras de estas subcategorías conforman una dimensión de orden superior que denominamos el “Voto Mediatizado” y la última junto con la “Abstención” conformas la categoría “Voto Conciencia”. Seguidamente se describen en forma resumida las categorías y subcategorías antes mencionadas.

EL Voto Mediatizado: Mediatizar significa influir de modo decisivo en el comportamiento de alguien, limitando o coartando su libertad. Según el DRAE se refiere a “Intervenir dificultando o impidiendo la libertad de acción de una persona o institución en el ejercicio de sus actividades o funciones”. Entre las sub categorías del voto mediatizado se encuentran las siguientes:

El voto compromiso es la forma como se manifiesta la adhesión de un individuo a una ideología o a un sistema político. También se deriva del agradecimiento u obligación que se genera por la percepción de dádivas, favores, contratos, empleo, etc. Desde el punto de vista de su medición debe considerarse algunos indicadores como son: simpatías ideológicas, lugar de trabajo, favores recibidos, etc. En esta subcategoría se inserta el voto por fanatismo.

El Voto por Temor: El miedo constituye una de las emociones primarias y básicas, que tiene una función principalmente informativa. La de avisarnos cuando existe un peligro. El miedo aumenta nuestras percepciones de peligro, generando un comportamiento más adverso al riesgo. Nuestro sistema límbico nos lleva a querer huir de ese peligro, buscar nueva información, que en un contexto político se traduce en evitar acciones que puedan colocarnos en situaciones peligrosas, como ser agredidos física o moralmente, quitarnos prebendas, perder el empleo, no tener acceso a los alimentos y servicios básicos necesarios, etc., quienes se benefician de él no apuntan a generar más seguridad, sino más temor. En esta sub categoría se inserta el voto tendencial, es decir, el voto a lo que se considera con mayor opción de ganar por temor a perder con otro candidato.

Son conocidos los casos de presión electoral (primero en aparición en listas, luego en la intención de voto) en forma de llamada telefónica, reunión en el despacho, o la famosa expresión de: “no puedes decir que no”. La persona que niegue que esto ocurra es que tiene tanto miedo como el que lo ha vivido en carne propia o es uno de los inductores.

En muchos casos existe una idea generalizada por la cual si no estás con los que detentan el poder, o manifiestas unas ideas diferentes (ni mejores ni peores, solo distintas), tu carrera profesional peligra o puedes ser excluido de algunos beneficios sociales. El voto del miedo insiste en reducir a una sola las opciones que la persona tiene para votar, tratando de incitar temor en caso de hacerlo en otro sentido.

El crear miedo es una estrategia añeja de los políticos, la cual, actualmente es utilizada por diferentes partidos y candidatos, debido a la vulnerabilidad emocional del ser humano y a los efectos que el miedo genera en su conducta. De hecho, se puede asegurar que las actuales campañas electorales en el mundo se articulan, de una u otra forma, con base en la generación e institucionalización del miedo. Por un lado, miedo a que las cosas empeoren y se pierda lo que se tiene o ha logrado, o que se amenace el sistemas de creencias y valores predominante. Por el otro, como garantía de seguridad pública, militar, económica, jurídica o social y salvaguarda ante las amenazas y peligros, reales o imaginarios, existentes.

El Voto Castigo: El voto castigo ocurre al negar el apoyo electoral a quien se apoyó antes, para castigarlo por el descontento que ha producido su gestión, tratando de impedirle el acceso a una nueva representación política. Puede manifestarse como voto en blanco (que también expresa una disconformidad general con el sistema) o votando al adversario. Se habla de voto castigo cuando se advierte una merma notable del caudal electoral de un candidato o partido, en comparación con la elección anterior, luego de un período de gestión.

El Voto por Motivaciones Personales: Las razones personales constituyen una dimensión compleja y multifactorial, incluye el voto a ganador,  este tipo de voto también es conocido en la ciencia política como el efecto bandwagon o efecto de arrastre. Este tipo de voto u efecto, se genera cuando los electores votan por aquellos candidatos o partidos que es probable que resulten ganadores (o que son proclamados como tales por los medios de comunicación y las encuestas sobre preferencias electorales), esperando estar en el ‘lado ganador’ al final. También incluye el “Voto Clasista”. Este voto de clase social, se genera por la ubicación del elector en la estructura social. Es decir, la motivación del elector y su orientación política-electoral está en función de la clase social a la que pertenece. El elector, en este caso, apoya al partido, candidato o coalición de partidos que se identifiquen con su clase social. Para cerrar esta dimensión consideraremos que las motivaciones no incluidas en las otras subcategorías, forman parte de ella.

Voto Consciente:

Las elecciones no se celebran exclusivamente en sistemas políticos democráticos. Hay sistemas autoritarios que, conscientes de su incapacidad de forjar legitimidad, se sienten tentados a recurrir a las elecciones, las cuales tienen un carácter plebiscitario y se desarrollan sin garantías de limpieza democrática que soslayen las violaciones sistemáticas, y generalmente virulentas, de las reglas de juego inherentes a las democracias.

Las elecciones en una dictadura anulan, crean obstrucciones de gran calibre o son beligerantes con la conducta competitiva partidista. La confrontación partidista es reemplazada por la omnipresencia de un partido único, o bien, por amagos de diversidad con la presencia de candidatos supuestamente alternativos porque, al fin y al cabo, se entiende que este tipo de elecciones no afectarán, en ningún caso, a quienes detentan el monopolio del poder. La transición política desde sistemas autoritarios hacia una democracia, tarde o temprano, deberá seguir la vía de unas elecciones libres con sufragio universal desde la constitución.

El voto consciente se produce cuando el elector investiga y conoce la trayectoria de los candidatos, sus programas de gobierno, analizar sus propuestas para establecer si son populista o tiene un programa serio, consistente, viable, medible en su desarrollo; si existe coherencia entre lo que piensa y lo que hace. El voto no puede representar solamente el interés personal, un buen ciudadano no solo vota por quien a él le convenga, sino por quien mejor pueda dirigir a su país, región o Institución.

La conciencia se define, en términos generales, como el conocimiento inmediato que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones, pero también se refiere a la capacidad de los seres humanos de verse y reconocerse a sí mismos y de juzgar sobre esa visión y reconocimiento. El sufragio consciente ocurre cuando la opción votada coincide  con los valores morales y la conciencia del elector.

La abstención y el voto en blanco puede formar parte de una acción electoral consciente cuando se duda de la integridad de los candidatos o de la legalidad de la convocatoria a elecciones; se desconfía de la capacidad crítica de los candidatos, cuando los candidatos no poseen las competencias necesarias para la difícil ejecución y administración de lo público o cuando se desconfía de las alianzas que se han aceptado para ganar.

También, aunque no en todos los casos, el voto por el candidato que a juicio del elector sea el “Menos Malo” conforma el voto consciente. Esto ocurre cuando las elecciones son transparentes, con igualdad de oportunidad para todos los candidatos. Cuando estas condiciones no existen o se asume la posición “El fin justifica los medios” este voto pasaría a la categoría del voto por “Motivaciones Personales”.

La medición de cada una de las subcategorías permitirá obtener una estimación confiable de la disposición de las personas para participar en los comicios electorales, así como para inferir quién será el ganador de dichos comicios si estos se realizan apegados a la normativa existente.

Escenarios Posibles

En forma resumida los escenarios posibles de las elecciones del 20-M se pueden agrupar en dos categorías de análisis. Escenario 1: Gana el presidente actual y Escenario 2: Gana la oposición.

Bajo el Escenario 1 no se esperan grandes cambios en la gestión gubernamental, (aunque seguramente se intentarán), lo cual conducirá a un recrudecimiento de la conflictividad social debido al empeoramiento de las adversas condiciones de vida que actualmente castigan a los venezolanos y al anunciado aumento de las sanciones internacionales. No es fácil estimar el tiempo que esa situación puede permanecer, pero si se sabe que esas condiciones no son sostenibles.

En el escenario 2: La situación se vislumbra muy complicada, el ganador no podrá asumir la presidencia hasta principios del próximo año y además deberá estar sometido a la Asamblea Nacional Constituyente y por si fuera poco, hay una alta probabilidad que no sea reconocido internacionalmente, ni por las autoridades de los organismos financieros multilaterales, lo cual lele dificultará desarrollar un programa económico eficiente. También deberá enfrentar serios problemas para renegociar la deuda y atender las demandas internacionales por incumplimiento del pago de la deuda.

16 respuestas a «Votar o no votar: Una mirada desde la medición estadística»

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